martes, 6 de diciembre de 2022

Puente a ti.

 
Puente, ese fragmento de tiempo que abre puertas al momento oportuno, esa huida, caída al abismo de locuras, sentidos, abrazos, calor, refugio cómplice de rutinas, de dolores, ayeres y anhelos. Puente, dos bocas, un lenguaje, imposibles, canción en piel de insomnios y despertares, camino al hoy, sintiendo.
Puente, fragmento de eternidad(es).
 
 
Puente a ti.
 
“Demonios en luz púrpura,
mi cintura muy cerca
de un deseo
y yo sin saberlo
me dejé bailar
las ganas
desde mis cicatrices
que aún sangraban.
 
No daba el tiempo
para llegarte
cada noche
dejar mis labios
en tus gemidos
y ahogar los míos
en tu mirada.
 
Un estremecer
el pelo en mi cara
sobre tu piel
imborrable sentido
que queda en mis manos”.
 
 
Ángeles purpúreos
cerca de mi hambre,
tu cintura
como cielo de fuego
y detrás de la mirada
cicatriz besando,
danza de ganas,
sangre por heridas
tras tu dolor,
muero en tus labios,
sostengo tu caída.
 
 
No dio
el tiempo tregua,
aun así, dejaste labios,
sabores, segundos
de tu mirada
en anhelos
-gemidos secretos-
hasta ahogarnos en puente
de piel.
 
Pelo suave,
mi mano atravesada
detrás,
tus manos
hoguera
entre mis venas,
ese rumbo
del ahora,
tu idioma cómplice,
desastre y miel
de por fin sentir(nos),
corres.
 
“Y lejos de tu abrazo
me veo
entre lunas sin rostro
demudadas sombras
desnudas de alma
de ti
lejos de mi almohada,
y abrazo la noche
y te siento.
 
Maldito vicio,
añorarte
acunando mi rostro
entre tus manos
antes de besarme.
sentirte
en desvarío y deseo,
parte de mí.
En mí.
 
Cansada de pensarte
Busco
un puente a ti,
a tus sueños
al lienzo tatuado
de nuestros cuerpos
al fluir de tus gestos
misterios y anhelos
sentidos desquiciados
-prodigio de horas oscuras- “.
 
Y cerca
-esa noche-
me abraza con tu aroma
cálido,
sombra larga
enterrada
en carne de mi delirio,
almohada tu pecho,
manta tus lunas,
alma desnuda
al filo del espejo en mis
ojos con tu reflejo;
sentir, ese precio
por la locura de tu cintura.
 
Dejas
tu boca
en mis manos
con tu rostro,
postro mis insomnios
en anhelos de tu cuello,
vicios entre
tu silencio y mi grito,
-todos los pecados-.
 
Y ahora
maldigo
tiempo
lejano de tus pies,
curvas
de tus ojos a tu pelo,
abismo
entre mi locura
y eco gimiendo
mi lengua
entre tu puente
a mi eternidad.
Misterio,
añoranza,
dos puños apretados
a este lado del camino,
ese que desgarra mis huesos
mientras vaho
espera cada rasguño
de tus accidentes.
Ese día,
esa noche,
no te vas.
 
“Pecado en cuerpo,
abrazo en silencio,
sal en piel,
susurro en corazón.
Soy, reflejada en tus ojos”.
 
Pecado,
sombras una sola,
piel,
gritos de venas,
puente cómplice,
silencio fundido.
Soy, reflejado en tus pupilas.  
 

 

Textos y voces por: Serena @Serendipity_s   y Alex moreno: @Alexmorenog
Canción 1: Evergreen(you didn't deserve me...) Omar Apollo
Canción 2: Life, i'm over you ... Zevia

martes, 29 de noviembre de 2022

Me hago olvido.

 
Para decir
mi nombre
me deshago ante el espejo...
 
me diluyo,
desaparezco,
sin sombra
veo mis derrotas.
 
Para nombrar
mis letras
me hago silencio...
 
y huyo de palabras,
de ecos lejanos,
huyo de mi voz,
me hago hueco
de lenguajes primigenios.
 
Para gritar
mi pecho
me hago olvido.

#Poesía



domingo, 30 de octubre de 2022

Seis estaciones.

 
Sobre vientos pasan estaciones llevando agonía, padecimiento y vaho de ausencias y locura. Noches largas sin tiempo, sin mañanas, sin la caricia del alba. Al fondo del último silencio se esconde el refugio oportuno, esa paz, esa calma después de tormentas que desgarraron sueños, carne y piel. Alma nueva emerge como abrazo de poesía entre dos voces, sentir y anhelo. Seis estaciones entre la agonía y el alma.
 
 
Seis estaciones.
 
“Agonía en mi piel
de oscuras noches,
de desvelos
en que mi corazón
solo sentía vacíos
y mentiras
plasmadas en cada
gota de rocío”
 
Agonía
en mis cicatrices,
dolores de desayuno
en manos sin pulso,
ese vacío,
ese hueco a la nada,
gotas de mi frente
acariciando soledades sin calor,
desvelo eterno
susurrando lejanas y ausentes
palabras sin camino. Esa carencia.
 
“Vaho tu aliento
sobre mi sexo,
ese que nos sostenía la pasión,
complicidad y amor,
amaneceres contenidos
entre besos y abrazos,
ese amor que tú me dabas
deleitando mis atardeceres
y contemplando mis noches”
 
Vaho
tus manos lejanas
que no arroparon ilusión,
vaho
sobre mis ojos ciegos,
sobre sabores de nostalgia,
vaho
en cada poro que sabe de la ausencia definitiva.
Escucho ese eco
distante,
ese desgarrar por cinturas de sexo y gemidos,
ojos cerrados,
boca sedienta,
muslos temblorosos.
Acá, detrás de mi mirada,
espero nuevo sol, nueva luz,
ese destello encendiendo alma
agotada y manos sin resignación. Ven.
 
 
“Padecimiento en mi corazón
por aquel amor que no fue,
por apostar a todo
y no tener nada
cegada por mis Ilusiones,
cegada por tus ojos,
por aquel brillo que tenía
cuando me decías te quiero,
eso… eso aún duele”.
 
Padecimiento
helando los anhelos de mariposas
y golondrinas en mis costados.
Apuesta perdida
entre oscuridades
de dolores,
de sin sabores,
de insomnios,
esas guerras sin ilusión,
opacidad turbulenta, niebla,
silencio
asesinando pensamientos
que duelen, que aún duelen.
 
 
“Refugio en caminos de dolor,
refugio de mis sombras
que solo llamaban a no soltarte,
a no soltar ese abrazo
que solo eran ilusión,
a no soltar esa mirada
que observaba otros ojos,
que sentían otro olor.
Fuiste refugio de mis manos
que ahora están frías sin tu amor,
frías sin tu calor”.
 
Refugio
en medio de tantas sombras,
refugio de espinas que dejaste
al lado de piedras, lodo y olvido,
refugio cansado de huesos sin fogata…
suspiro errante tras las costillas
de los ojalá,
y al fondo,
tras la caricia vagabunda,
nuevo aire habla a mi oído
y pregunta por mi corazón roto.
Víctima del cielo, del aire,
ese columpio a sueños inconclusos…
y atrás del viento,
tu cabello llama al perdón
y a caminar entre nubes nuevas.
Refugio
entre venas
que ya no mueren, renacen.
 
 
“Paz entre tus batallas y las mías
ganando toda guerra,
suspirando libertad,
esa que cada día llevo como tinta
de mis entrañas,
esa paz que siente volar
sus recuerdos y los hace suspirar,
esa paz que me hizo volver a mí.
Sin ti me encontré en abismos de verdad
y consuelo es saber
que cada batalla era un amanecer nuevo,
que cada batalla no eran barcos
sin timón ni mar
sino un horizonte cálido que se llamaba libertad”
 
Paz
entre caos de mis pasos tristes,
paz bajando del norte frío
al sur de ausencias sin manos que aprietan,
ese clamor silencioso –gritando-
abecedarios de tus labios
entre mi boca,
susurro clandestino
sin hogar,
pero amanece de nuevo,
canto amarillo
surca pupilas dilatas
entre cafés y lluvia oportuna
de nuevo día.
Esa paz llamada
cálida libertad de alas entre tus costillas
y el hueco de mariposas a tu sombra celeste.
Vuela, zarpa, surca, salta.
 
“Alma mía,
cielo mío,
en ti mi esencia,
en ti mi fuerza,
esa dormida en ataduras de papel.
¡Oh! ¡Alma mía! He encontrado mi latido
y paz en el perdón
fuerte de cada sentido,
ese que nace de luz y amor,
alma del perdón
gracias por ser maestro,
mi alma se une con hilos de oro en cada cicatriz.
He encontrado mi camino junto a mi alma de Dios,
caminos de verdad,
caminos de luz en paz,
almas de destellos que llegan
a mostrar cada fulgor.
 ¡Oh! ¡Alma mía!
He encontrado mi luz”.
 
Alma mía, allá,
alma tuya, acá,
alma de mil décadas
por calles en mis poros nocturnos,
alma libre,
alma llora,
caricia silente
de amor, esencia
y latido preciso
entre acordes sin distancia
ni ruidos de mil guerras
sin trincheras.
Alma
de mis fines,
inicios, origen primigenio
al fondo del adagio póstumo…
luego, tu pelo,
labios rojos
entre mi pluma,
ojos de águila
acariciando al viento
de todos los abriles.
 
Alma,
sacude tus alas
y vuela entre mis medianoches
mientras bebo tus flores al despertar.
 
 
Textos y voces por Eva @eva_poeta y Alex moreno @alexmorenog 

#Poesía

martes, 18 de octubre de 2022

Hazme creer.


Creer, ese camino, ese cielo, a veces infierno que derrite en llamas de pasión, y la carne tiembla, y los poros se erizan, y la mente excitada rompe la hoja con tinta de eros y pluma de noches en púrpura y rojo, en miel y vino, en desnudez.

 
Hazme creer
 
Hazme creer
que tu erotismo me cubre
y me quita el hoy, la piel,
y me llamo tus sombras eróticas.
 
“Hazme creer, y créame,
como castillo en tu orilla,
efímero, y a merced de tu oleaje.
Creer que la almena se
derriba cuando calan las caricias,
rasgando las puertas del cielo.
De este erotismo que crea,
llámame el agua en mi piel.”
 
Hazme creer navego tus secretos
al precipicio de tu piel, ahí, justo en la caricia
cómplice de mis manos y tus caderas.
Hazme creer entro al reino húmedo de tu erotismo
y soy sed que bebe a gotas tus aguas
rasgando mi carne en la suavidad de tu flor y espinas,
ese cielo,
esa llama,
ese nombre tuyo que hago mío,
que nunca se fue,
que penetro
como ola en la arena del delirio último.
 
“Pues sé si me vuelcas los instantes de un beso,
se cuela el matiz en la boca,
y respiro tu sed... cristalina,
y fragmentada, pero impetuosa,
de libertad temblorosa.
Por eso,
hazme creer en la impúdica
sal que muerde y deshace,
aliña y desenreda,
origen y clímax, o muerte,
destrucción y debacle.
En poseernos éste y todos los momentos,
hazme creer. “

#Poesía #Podcast 

Escrito y voces por: 

Esther: @litteraest y Alex Moreno: @alexmorenog

domingo, 9 de octubre de 2022

Oda a tus senos.

 
Cimas se elevan como
esfinges de imperios,
piel en primaveras
mecida por vientos,
caricia de mis sombras
por cada contorno en tu pecho...
gotas blancas
se balancean
encima de tus reinos,
tiemblan en mi noche
tus fecundos senos,
hueco entre mis falanges
que llegan
al costado de tu deseo,
circundo
tus esferas celestes,
calmo mi hambre
devorando tu nombre
y me sabes
a universo
de escote y delirio,
delicia.

#Poesía #Erotismo 


Soy mi estepa.

 
Tras mis manos
en mi rostro me oculto,
ojos sin ver,
oídos sin escuchar,
boca sin saborear,
tan solo eco
que retumba
entre cada paso,
lodo, piedras,
laderas al vacío,
abismos a mí mismo,
laberinto de cuatro décadas
por venas que explotan en mis dedos.
 
Vuelvo
a la nada,
no salí, aunque caminé,
ramas enterradas en mis cicatrices,
espinas cortando
sueños entre mi cráneo,
vaho perpetuo de dolor
por muslos sin sombras…
 
vuelve la bruma
tras la ventana de mi alma,
-recuerdo a veces mi nombre-
páginas amarillentas
me llevan al filo de la locura,
esa sabiduría de no ser otro
solo todas las almas
entre mi bolsillo sin monedas.
 
Lobo aúlla
entre mis vísceras,
 
y mi barba con canas,
y mis manos con sus venas
que brotan,
y mi silencio
con su grito sepulcral,
y mi aliento
que cubre a la nube
de la noche.
 
Soy
mi estepa.

#Poesía 


domingo, 4 de septiembre de 2022

En la Habana dejé mi piel.

 

El viento del mar subía por sus piernas. Cuando en el malecón llegaba la noche, en ella, empezaba el erotismo nocturno a acompañar esa brisa debajo de su falda. Al fondo los boleros, los sones, las calles con sus músicas y las historias que empezaban al rumbo del amanecer. Ahí fuera se veían las faldas cortas, las blusas con tirantes, las pieles bronceadas por el calor de la sensualidad. La Habana preparaba un encuentro maravilloso, mágico y él no lo olvidaría jamás.

 

Había huido de la cotidianidad de las montañas, del frío que a veces calaba en los huesos, en el alma. No lo pensó dos veces, necesitaba escapar. En el avión, por la ventana, miraba los paisajes llenos de verde, de azul, de diminutas formas, era imposible no pensar en lo pequeño que podemos ser en un universo tan extenso. Por fin su nuevo destino lo saludaba. El calor del Caribe, la brisa del mar, la carretera rumbo al hotel, el mar llegando a los faroles de esas calles, los autos viejos que llevaban a una película de los años setenta, las casas con sus fachadas antiguas. Todo esto era la fascinación de un extranjero. Al principio le fue difícil entender un poco el acento, para él, hablaban muy rápido, pero se adaptó pronto.

Eran las 3:17 p.m, cuando después de una siesta y una buena ducha, salió a recorrer las calles. Era imposible no sentir la vida entre esos espacios. Entre las miradas, las pieles trigueñas, canelas, morenas, se sentía la libertad y el alma sin ataduras. Después de varios años de asfixia, de rutinas asesinas, así se sentía.

Escuchaba la música en las calles, se respiraban melodías, boleros, sones, ritmo, las mujeres llevaban el son en sus pieles, en sus caderas, en su sensualidad, en sus escotes, verlas, era ver noches de erotismo; estaba perdido, fascinado.

La única rutina de la que no podía escapar era la de tomar café. Sentado, saboreando una taza seguía contemplando el Caribe por las calles viejas de la Habana en una tarde de julio. Llegando al hotel, cuando la noche estaba saludando las pieles suaves, cuando la luna besaba los escotes para darles pasión, cuando la brisa de la tarde subía por las faldas sueltas, apareció ella. Se dejó ver al otro lado de la calle; en el malecón caminaba como soplo de viento, como bolero de todos los tiempos, caminaba y llevaba fuego en sus caderas; la sensualidad de sus piernas eran destino de locura, la transparencia de su blusa invita un cubalibre en su piel. La deseó con la sed del frío que ansía al sol, la quería en su piel como sábana de medianoche mojada de sudor, de placer. En la habitación de su hotel no dejaba de imaginarla, no había visto una mujer tan llena de vida.

Descansó un rato, después de la cena, salió a buscar en esa noche, un entretenimiento, conocer, dejarse llevar por una noche de fantasía.

 

Aquellas mesas con copas de vino, de licor, de cubalibre, de cervezas, las sillas de madera, las luces, el escenario, la atmósfera de encantación, las mujeres haciendo la noche, los señores conquistando sueños eróticos de una noche, la cantante engalanando la noche con un bolero, los acentos, el humo, las historias, las voces, y de repente, ella de nuevo. Todo se detuvo otra vez. Él, en la barra, la miraba como una actriz de novela, como madame de obra literaria, como una diosa del Olimpo, pero ahí estaba y lo miró. En esa mirada sabía que se perdería.

Ella bailaba un bolero, en su cuerpo la melodía tomaba forma de orgasmo, su cabello suelto lo invitaba, era como si estuviera viendo un show solo para él. Ella se acercó a la barra y lo saludó, sabía lo que deseaba de él, y lo tendría.

Bailando, lo llevó a su mundo, sus manos a su nuca, le respiraba al oído, lo miraba a los ojos y se mordía los labios, lo apretaba a su cintura, hacía que sintiera sus senos tropicales, se movía como viento que mece las palmeras, estaba jugando con su mente, lo quería enloquecer y lo hacía. Lo besó, pasó su lengua por sus labios como quien saborea la miel hasta no dejar una sola gota por besar, pegaba sus muslos a los de él, le llevó las manos a sus caderas, se dio media vuelta, le llevó la mano a su cintura, meneaba sus caderas hasta sentir su erección, ella, húmeda también no podía contenerse.

En esa habitación de hotel, con la luz tenue de los faroles viejos, ella le quitaba la piel. Sentía su respiración acelerar como turbina, escuchaba su vestido rozar con su piel, como resbalaba como gota de rocío, sus senos le invadían la boca, se metían como huracán buscando la lengua, las manos en sus caderas sentían el desborde de lujuria. Lo tiró a la cama, bailaba un son para él, se sentó en su cara y bailó, gemía como ritmo de un bongó tocado por la noche, con sus caderas le asfixiaba, él bebía un cubalibre en medio de sus piernas. Encima, ella, se movía como tormenta tropical, alzaba sus brazos, dejaba su cabello tapar su cara, llevaba las manos de él a sus senos, con sus muslos lo apretaba fuerte, gritaba, se recostaba en su pecho, lo mordía, lo rasguñaba, le arrancaba la piel con su sexo. Húmeda, como isla rodeada de mar, lo llevó a meterse en lo más profundo de su cuerpo. Ella tembló encima de él, dejó que sus ojos se retorcieran al igual que su cintura, derramó en él toda el agua de mil tormentas de sexo y lujuria. Él, terminó en ella como volcán que llevaba conteniéndose por años del frío. Podía quedarse a vivir en esa piel de éxtasis, amanecer y morir todas las noches en medio de sus piernas, de sus senos, de sus labios, lengua, cabello, de su todo.

¿Cuál es la mejor despedida para uno de los mejores orgasmos de toda la vida? uno más, y otro, pero tarde que temprano el viaje terminaría.

Ella se quedaría con su piel, ella que era fuego, tormenta, mar. Él, regresaría a sus montañas, a seguir tomando café en tardes de lluvia y melancolía. En su piel llevaba tatuada La Habana, esa que le dejó una nueva piel, la que jamás se podría quitar, así se amaneciera en otras pieles.

#Relatos #Narrativa

¿Alguien me explica ese aún?

Aún se escuchan
tiros en cráneos por Normandía,
aún trincheras tienen sangre
bajo primera guerra mundial,
aún quema la piel
en Hiroshima,
aún en el desierto
caen bombas de falsa libertad,
aún retumba Sarajevo,
aún se escuchan los llantos
y gritos en el Salado y en Bojaya,
aún me duele el pecho,
aún lloro…
¿Alguien me explica la puta guerra?
 
Aún bajan muertos por el Magdalena,
aún niños con sangre lloran huérfanos de vida,
aún caen bombas en el pacifico,
aún los cruzados clavan sus espadas,
aún los mongoles asesinan en caballos negros,
aún sicarios disparan por unos cuantos billetes.
 
Aún vale más el dinero
que la vida, que el sentir, que mi mano y la tuya…
 
¿Alguien me explica ese aún?

#Poesía 


jueves, 18 de agosto de 2022

Pétalos de abril.

 

3:17 p.m en el reloj detrás de la vitrina; el reflejo, en aquel vidrio, era el de una mujer romántica, pero en la mirada, una tristeza, que, con la lluvia, se hacía un enigma para él. Buscaba un libro de poesía, ella miraba los libros de novelas. No pudo dejar de mirar cómo detrás de ella caía un pétalo e imaginó una lluvia de rojo en su cabello, pero, ¿Por qué esa mirada de tristeza?

Pagó el libro que escogió. Al salir de aquel sitio, ella ya no estaba. De su mente no salía esa escena, y en el piso, aquel pétalo que recogió al instante lo secó y guardó dentro del libro que había comprado.

Caminó entre calles de melancolía mientras bebía un sorbo de café; se desprendía un humo que lo llevaba a una tarde lejana de años atrás; ya habían pasado cuatro abriles y aún no olvidaba aquel rostro de mujer en esa librería. Recordó el libro que compró aquel día y lo buscó. El pétalo en la página 38 lo llevó a leer:

 

Llegas, trasparente, con silencio

de atardeceres, con el ruido crepuscular,

ecos de mil guerras de deseos…

traes lluvia en tus pasos, viento

en tus lágrimas, suspiro que no

deja huellas en el hoy.


Fue imposible no volver a recordar aquel rostro: ¿Cómo olvidar la lluvia en una mujer?, ¿Dónde buscarla?, ¿Cómo volver a sentirla en aquella tarde?

A veces lo que soñamos, en cinco segundos pasa frente a nuestra mirada, y en un abrir y cerrar de ojos, ya se difumina en la cotidianidad… ¿Por qué no le hablé? Se preguntaba mirando de nuevo aquel pétalo aún rojo.

Una mano recorrió su mejilla acariciando las cicatrices de cuatro décadas; la seguía soñando, esperando saliera de aquel libro de poesía y le hiciera el amor, el hoy, el por fin. 3:17 p.m, nuevamente, pero esta vez, siete años después… aquellos ojos, de la forma más extraña, lo volvieron a visitar. Ya no había pétalos, la mirada era otra, detrás de un liguero, mientras veía una revista de moda, en el consultorio de especialistas, ella, en la página principal: ¿Modelo? Se preguntó, y como si el tiempo se hubiera detenido, buscó en esa revista a la mujer de aquella librería, pero ya no estaba, ahora, era un estereotipo como muchos. No la buscó más, pero nunca olvidó aquella tristeza de la que se enamoró en una tarde abril. Hay tristezas y melancolías más hermosas que maquillajes, ligueros y curvas perfectas.

Si tan solo le hubiera hablado en aquella tarde de abril.

#Relatos #Narrativa #Podcast 

martes, 16 de agosto de 2022

Ciudad mujer.

 
Ciudad,
sus ojos,
calles empedradas,
puertas indescifrables,
ciudad su mirada....
 
hay una noche que no duerme,
sus secretos,
ciudad hermosa,
ciudad mujer.
 
Ciudad furia, tormenta,
trueno, ciudad poros,
caricia cómplice,
ciudad tiempo por sus manos,
crea camino por su espalda como calles de ancestros,
flor, tallo, esa raíz profunda al éter,
la dibujo entre luces nocturnas, antes del alba,
haciendo cada esquina de sus sombras mi amanecer.
Ciudad mujeres en una sola,
ciudad luna y canto,
deje su mano entre mis huesos,
deje su boca entre mi sed,
deje su piel entre mi caricia -roce de espinas y pétalos –
acá, al borde de la lluvia de mi anhelo.
Ciudad mía, camino a sus aceras al vaivén de su música...
abre sus puertas a mi paso,
hágame morador de su nombre.

#Poesía