“Anochece
de nuevo,
me quedo
en el frío silencio,
enredada
entre los reductos
de un
corazón en llamas.
Me ahogo
en la penumbra,
se acaban
los febriles anhelos,
mi cuerpo
le extraña,
no más que
mi alma”.
Medianoche
asesina,
habito
rincones
que acaban
cada pedazo de mi carne,
esa que se
pierde en insomnios
tras el
manto de sus manos
en mi
reloj sin calor.
Grito,
corro por muros
que
estrangulan sentir de
mil lunas
sin ella.
“Entre
lágrimas resilientes
desnudo
mis miedos en la oscuridad,
inmersa en
mis sueños profundos,
le busco
hurgando dentro
de los
pliegues que forman
mi
humedad.
Despierto
cayendo en el abismo
de mis
días sin él”.
La siento,
acá, en
paredes frías
anhelando
la tibieza de sus manos
por mi
piel,
siendo ese
sueño
que se
aferra a sus muslos
hasta
hacerla despertar
de
éxtasis.
La siento,
susurrando
más que silencios
en mi
oído,
gimiendo
mi nombre
mientras
mi barba
reclama el
lenguaje
de sus
labios sin vergüenza.
Despierto
cayendo al
laberinto
del hoy
sin ella.
“La Luna,
mi fiel compañera,
se apiada
de mi tristeza,
me traza
el camino para llegar a Él.
Entre
veredas y montañas
acelero mi
paso, el viento me dice
que no
desfallezca, me acerca Su
aroma y al
fin estoy frente a Él.
Lo miro,
inmóvil me
pierdo
en lo
profundo de su incrédula mirada,
cautiva de
su silencio”.
Pero no
hay más silencio
entre sus
labios y mi lengua,
entre su
mirada
y mi deseo
de devorar
la
distancia que consumió gritos
de
ausencias.
No hay
rincones
de
soledad,
todos,
son
consumidos por su cuerpo
que desviste
la espera de mis manos
por cada
trozo de sus noches en que
me
anhelaba.
Lento,
rápido, dejo en cada esquina
de su
cuerpo los mordiscos de mi frenesí,
furia de
mi carne que entra en ella
haciendo
hogar en su humedad,
sintiendo
el tiempo de sus muslos
en el
reloj
de mi sexo
sin fronteras.
“Sueños
que se han vuelto realidad,
sus manos
derriten los témpanos de hielo
que había
a nuestro alrededor.
Impaciente
me envuelve en sus brazos,
en
férvidas caricias, creando manantiales
que brotan
de mi vientre ardiente.
Su voz
iracunda gime mi nombre
y yo
siento desfallecer ante su embiste,
nuestras
almas se funden
entre
arrebatos de placer,
haciendo
caer la distancia,
deteniendo
el tiempo del reloj,
creando en
el viento latidos
que
perdurarán la vida eterna.
En mí, en
ti,”
en
nosotros.
#Poesía
Textos y voces por: @_Angel_inhell y @alexmorenog