Bogotá, 26 de agosto
de 2021.
A usted, a sus
mujeres, hoy, vida.
Estimada dama y hermoso ángel
del silencio.
Le saludo, dama, como gota de
rocío buscando el césped de su naturaleza, esa que desborda en enigmas
indescifrables, laberintos, caos, penumbra y destellos de luz y vida, porque
sepa usted que vi mucho en sus ojos, en su sonrisa, en sus palabras que rompieron
mis silencios de años, y cual osado soy, que no solo vi, sentí, y sentí a una
mujer como pocas veces uno se puede cruzar en la vida.
Sepa usted que recorre mis
venas, así, con locura. Se apodera de mis pensamientos que desbordan su nombre
en cada minuto asesino, incluso en silencio le escribo. Desde su aparición a mi
mundo no pasa un día en que no le piense, no le extrañe, no le tenga en mi
mente y sentir. He divagado en noches de mucho silencio, y en cada minuto de
largas horas y madrugadas, su presencia, avasallante, reclama el espacio que ya
es suyo.
Sepa usted, dama, que la veo
como la primera vez en que la vi: cierro los ojos y veo su cabello, sus labios,
su sonrisa, sus ojos de vida, también sus ojos tristes, sus melancolías,
desdichas, su ayer no muy fácil, sus sueños, sus luchas, sus victorias, lo
bueno. También, sépalo dama, veo sus manos sosteniendo el café, sus ojos
mirándome, su caminar, su cintura, y escucho, desde ese día, su voz que retumba
en mis espacios íntimos, y allá, escucho esa melodía como canción oportuna. Me
saben a cielo sus palabras, y sus silencios, me llevan por caminos no andados, que,
sin cobardía, exploro, camino e intento hacerlos mi presente, al igual que
deseo ser el suyo.
Sabe, vi en sus ojos un sol
que brillaba, vi en su cabello un viento que era hogar y vuelo de libertad,
sentí la belleza del universo en una tarde de julio hecha realidad en su
magnificente hermosura, porque sin mentirle, es usted una mujer con la belleza
de la vida: real, cielo, días difíciles, imposibles, con sus mejillas que tiene
caricias, con sus pasos que tiene complicidad, con su mano que sabe a hoy, con
sus labios que tienen besos de pasión, con su carácter que intimida, con sus
cicatrices que más me llaman a usted. Es muy hermosa, mucho; al universo la
gratitud por una mujer como usted.
Me sabe su presencia a
delirio, vida, la sueño despierto, dormido, soñando, clavada en mi hoy, en mi
memoria sin olvido, en mis manos que la buscan entre líneas, entre palabras y
entre silencios, esos que usted me ha enseñado a habitar, y que me hacen
diferente, porque sépalo, que ha hecho mucho en mí, mucho más de lo que
imagina.
Lo más leal al hoy es el
sentir, el corazón, al igual que el alma y de eso, dama, no se puede huir, así
lo intentemos. Algunos pedazos, aún
fragmentados, usted los unió en mí, me llevó a sentir de nuevo, a habitar
sueños, pero, sobre todo, me salvó, sí, me salvó la vida.
No se va, no se ha ido, no se
irá. Acá le espero, hoy, otro hoy y los que sean necesarios, porque de su
presencia no se sale intacto, se sale más hombre y acá se le aguarda con
laberintos, enigmas, silencios, distancia, con vida, luz, con sus sonrisas
sublimes, con su bondad, su complicidad, sus detalles, con lo especial que es,
con su cabello sin importar lo largo o corto, con su rostro algunos días
cansados pero igual de hermosa, con toda usted; y no crea, días sin usted son
algunos complicados, pero no son ausencia, porque igual la llevo en mí y
alegran mis horas grises y de asfixia.
Deseo sus hoy sean llevaderos,
decisiones que le acerquen a usted misma, a sus sueños, a su vida, a su vivir,
a su fuego, a ese que tiene adentro esperando volver a ser, a salir, y porque
no, a poder verme en sus ojos una vez más.
De usted, siempre.
Alex.
#Epistolar