domingo, 25 de enero de 2026

¿Y ahora qué?

Y ahora qué
si cañones suenan
como último segundo del terror,
llantos que carcomen tierra
pintada de sangre,
ecos de furia
entre polvo de edificios
que caen como naipes sin ganador.
 
Y ahora qué
si ventanas lloran
con lluvias de todas las guerras,
ríos circundan
tristezas de nunca acabar,
y al fondo,
lodo es camino sin ilusiones.
 
Y ahora qué
si tu voz se calla
y mudos susurros
no llegan a puerta
del quizás oportuno…
entre tus dedos,
tiempo desvanece la carne.
 
Y ahora qué
si al amor
lo bombardearon hasta
sepultarlo al lado
de todos los inocentes sin tumbas,
justo al frente
de la lágrima eterna.
 
Y ahora qué
si entre el ruido
te alejas y tu mano
se hace inalcanzable,
ah, cuantos delirios
tras tu sombra.
 
Y ahora qué
si la guitarra triste
se hace atardecer
y agotada va a la noche real
del silencio.
 
Y ahora qué
si no soy hierba,
ni hoy,
ni batalla ganada,
ni el orgasmo
de la hoja,
ni el último
café en tus ojos…
 
¿Y ahora qué?

#Poesía 

domingo, 18 de enero de 2026

Tu fantasma

 
Tu fantasma se niega a marchar,
irrumpe mis cuatro camisas,
se clava en las arrugas de mi alma,
en el absurdo de mi medianoche oscura.
 
Me embriago de olvido,
puertas no se abren al enigma,
luces rojas enceguecen
mis manos cansadas.
 
Sangre en mis dedos,
lucha del hoy,
sueños húmedos
con delirios de kilómetros,
y acá,
la tinta
en cada esquina
de mi puño apretado.
 
Sucederás, sé sucederás…
te espero caminando
en el tren sin sombras.

#Poesía 


lunes, 12 de enero de 2026

Una Sola Sombra

Es en la oscuridad

donde me encuentro,
donde me pierdo,
donde navego leales caminos,
destinos oportunos sin máscaras, ayer o espejismos.
 
Es en la oscuridad
donde amo tus sombras,
donde le hago el amor
a tus penumbras...
 
y allá,
por fin,
nos devoramos las cicatrices
haciendo de nuestro dolor, hogar,
de nuestros miedos, destino,
de nuestros infortunios, acierto…
 
y acá,
por fin,
oscuridad es luz,
tu piel destello, faro y locura,
tu tristeza pasos leales del ahora.
 
 
Es en la oscuridad
donde mi sangre
recorre tu vientre
y tus venas
se clavan en mi blanco delirio
con tus demonios.
 
 
Es en tu oscuridad
y la mía
en donde somos
una sola sombra.
 
#Poesía  

sábado, 10 de enero de 2026

Business night

Miraba a la gente correr aquella mañana extraña. Buscaba en esos rostros, alguno conocido, o al menos la sensación de que conocía uno, solo a uno, pero cada vez era más difícil. Cada ceño fruncido me alejaba de esa realidad, me llevaba a caminar por puentes de contaminación, a alejarme del ruido ensordecedor de autos, motos, pitos, de toda clase de perturbación.

Llevaba toda la mañana buscando ese lugar donde refugiarme de aquella jungla de cemento, pero cada paso, era un abismo de locura. Y las horas, apuñalaban los pulmones, y la respiración se cansaba de caminar sin sentido. Pero tenía cierta corazonada, muy en el fondo, de que encontraría un atisbo de calma en aquel caos.

Pude contar los pasos caminados, sin duda eran bastantes, al fin al cabo, ya no tenía más que perder, llevaba varios días intentado encontrar un sitio diferente, pero ¿para qué contar lo qué no queremos recordar?

Solo quería huir, escapar, borrar mi pasado, las malas decisiones, los pasos en falso, quitar las cicatrices. Con la canción oportuna, deambulé en la noche. Y en aquella madrugada de frío, en una calle desolada, húmeda, una sombra de neblina, de repente, cruzó por mi vista, era como si me llamara. Así que me levanté y caminé guiado por ese ente extraño, confuso. No sabía si era real, o era una alucinación de mi mente por la falta de comida, por la sed, por el frío o por la perturbación.

Al final de la oscuridad, justo antes del alba, del crepúsculo, la niebla despareció y salió, de aquella alucinación, la figura de una mujer esbelta y caminó hacia mí. Me tomó de la mano, que temblorosa, ya casi caía al piso. Al sentirla, fue como sentir automáticamente en el cuerpo la sensación de caminar por encima del suelo, era inexplicable.

Me tomó por la cintura, y justo antes de besarme me dijo: acaba con esa desidia de tu vida, el momento es solo hoy, lo que vale es el hoy, lo único que tienes es el hoy, no hay túnel sin salida, noche sin mañana, camino sin piedras pero sin enseñanzas, solo tú decides que quieres del hoy, de la mañana, de la noche, solo tú decides si dejas para un después o un jamás lo que quizás nunca pase, o si le dejas a una añoranza tu hoy. Me besó y me perdí de mí mismo.

 

Al despertar, horas después, aquella habitación de motel olía a whisky, a sexo, a tabaco, y encima de mi pantalón, que estaba en el piso, una nota: la vida de noche tiene sus consecuencias, no se sale intacto de la locura, de las calles, de jugarse la vida como ruleta rusa. Me gustó conocerte, llámame, podemos volver a hacer negocios de noche: Bibiana.

 #Relatos #Microcuentos 

viernes, 9 de enero de 2026

Fantasmas solitarios al borde del silencio.

 
El gran fantasma persigue nuestras sombras sin tic tacs, dobla la esquina más rápido que nuestros pensamientos, ese fantasma llamado tiempo, ese atormentador de almas y corazones.
Pero: ¿Qué es el tiempo?
Del primer paso al último suspiro sólo unos años, un abrir y cerrar de ojos, atrás caminos, besos, abrazos, orgasmos, lágrimas, efímeras felicidades, dolores oportunos, manos que tiemblan, se abren, se cierran, y cada caminar conduce a la silla mortuoria del tiempo.
Ese paso por el tiempo, ese fantasma que somos, ese suspiro efímero…
 
 
Fantasma
mi carne postrada
en péndulos de relojes derretidos,
horas reflejadas,
espejos púrpura al centro,
cráneos sin nombre,
ese adiós innombrable,
ese sueño sin amores,
olvidos sobre tumbas caminando
en concreto,
vuelven besando
huesos que no son cenizas.
Tiempo sin estaciones,
sin melodía, ecos difusos,
balas sangre
al borde, abismo carne
y venas,
hambre entre estómagos
aferrados a delirios.
Cada
palpitar escurre
sus minutos en dedos alargados
que tocan infiernos y pseudocielos,
cada falange
acaricia fantasmas de mil años,
me veo desaparecer entre tinieblas.
Siempre fantasma.
 
 
 
 
 
 
Solos
¿A dónde se fue el amor?
 
Ese otro fantasma,
fuimos lágrimas,
máscaras de frio,
solos entre espinas que sucumben
al oscuro,
canción olvidada,
dormir no es lugar…
 
¿A dónde vamos?
 
Fin circunspecto,
rocas aladas,
gris arterias,
asteroides sepulcrales
implosionando,
niñez lejana,
cada balón
estrellado en columpios de barro,
cada beso quebrado
en labios sin saliva.
Estrellas de miedo,
cada final uno sólo,
el tuyo, el mío,
todos en blanco,
túnel silente.
 
Última voz
pronuncia silencios,
silencio, silencio, silencio…


Fruto delicioso

 



Textos y voces: Esther @litteraest y Alex Moreno @alexmorenog

jueves, 8 de enero de 2026

El Cuervo Negro

//3:17:00 am//

Clavó su pico con el ritmo del segundero, llegando a la carne, al hueso. Se metió al estómago y empezó a devorar hasta llegar a los ojos. Su compañía quitó la soledad pero arrancó al yo. Negro, como agujero oscuro. Abismo, como locura sin ya. Garras de ira. Sentía en cada picotazo el desgarrar del tiempo de cada cobardía, de cada paso en falso. Me llevaba a todas las épocas mientras me arrancaba un pedazo de piel, con cada tripa que jalaba sentía la daga del ya que no me perdonaba ni un solo respiro de no haber caminado. Extendía sus alas negras como victoria, salpicaba de sangre mis ojos, las paredes, el techo, todo. Me miraba fijo, en sus ojos, abismos de locura que me atrapaban y me trasportaban a un pozo sin luz, con los fantasmas del ayer, con los demonios de seis horas antes, y allá, en el fondo de esos ojos, una mano oscura me tomó y me llevó a una pila de cadáveres, todos con la forma de mi rostro, todas con las huellas de mi asfixia de vida. El dedo índice de esa mano, señaló el único cadáver que no tenía mi cara, al verlo de cerca, un grito de terror. En silencio, quebró lo poco que me quedaba de alma. Esa figura era la misma del cuervo que me estaba devorando, que al mirarme, escupió sangre, que como ácido, me empezó a desfigurar. Corrí, rápido, como si el apocalipsis estuviera a punto de clavarme una estaca en la espalda, pero en un charco me llevó a otro abismo. Llegué al primer dolor, a la primera lágrima, a la primera decepción, a la primera mentira, a la primera cobardía por no ser yo. Vi mi corazón en las manos, palpitando cada vez más lento, y de repente en el, la sangre se transformó en la presencia negra del cuervo. De aquel corazón salió un chorro de rojo fluido y en el piso se dibujó en carmesí la palabra cobarde. Al pisar ese pozo, caí a otro abismo aún mayor, y así, cada vez caí y caí a otro y otro abismo, todo sin fin. Pero el cuervo negro cerró los ojos y los volvió a abrir, en ese momento me trajo de nuevo al hoy, y mientras tenía mi intestino en su pico, me miró de nuevo. Escuché desde su adentro oscuro, una voz que me dijo: cobarde, cobarde, cobarde…

El último picotazo del cuervo negro fue en la mitad de la frente, después de devorar mis ojos, ahí, en donde la vida se siente realmente, y al sentir que rasgó el cráneo, exhalando, me dije a mi mismo: muere, cobarde.

//3:17:00 pm//  

Alex Moreno

D.R.A 

domingo, 4 de enero de 2026

Mujeres que huelen a verdad

 
Hay mujeres
que huelen a hoy,
y a vida,
arrecife,
péndulos,
imperios,
tormentas, universo y cielos.
Hay mujeres
que huelen a misterio,
junglas, miel,
lava, fuego y olas,
huelen
a girasoles, púrpura,
espinas, tierra, principio, precipicio,
huelen a arte,
música, óleos,
tiempo, presente,
batallas, destino.
Hay mujeres
que huelen a libertad, refugio,
río, páramo, selva, playa,
tsunami, suspiro,
acordes y melodía,
huelen a mil
siglos de naturaleza por sus ojos,
a décadas de atardeceres por sus mejillas,
a lustros de creación por sus manos,
a todos los vientos por su pelo.
Hay mujeres
que huelen a verdad
y a poesía.

#Poesía